Artículos - 08 Feb 2019

SELF O NO SELF, HE AHÍ LA CUESTIÓN

¿Por qué nos gusta tomarnos selfies? La respuesta es obvia: porque nos gustamos a nosotros mismos. Eso está bien, pero, ¿por qué nos gusta TANTO tomarnos selfies?

Un selfie es la manera más explícita de lo que algunos psicólogos sociales llaman el espejo social (looking-glass self). Esta necesidad humana de entendernos mejor y, sobre todo, de entender cómo nos ven los otros, lo que es crucial para nuestro desarrollo psicológico.

El éxito o fracaso de nuestra capacidad de ser seres sociales se define por nuestra habilidad de entender cómo nos presentamos ante quien está enfrente. Antes de tener una discusión con alguien, nos imaginamos qué nos dirán, qué contestaremos. Aún de niños, practicamos las interacciones sociales jugando con nuestros juguetes y hablando solos. Los humanos siempre hemos sido muy hábiles para ponernos en el lugar del otro, del interlocutor, y en la medida en que mejor lo logremos, mejores interacciones tendremos. Por ejemplo, un profesor, moderador o conferencista dará una mejor clase o ponencia en la medida en que logre ponerse en los zapatos de la audiencia. Cuanto más nos acerquemos a la expectativa de los demás, mejores resultados tendremos: haremos la presentación más activa, más fácil o más técnica.

Por tanto, con los selfies hacemos foco en lo que los otros ven, y aún más importante, podemos hacer los ajustes necesarios para presentarnos como creemos que los otros esperan vernos, podemos controlar la percepción del otro. La incertidumbre global que caracteriza nuestra era sólo puede ser soportable si pensamos que hay varias cosas bajo nuestro control. Por eso, mucho mejor si nosotros mismos intentamos un ángulo 80 veces hasta que encontremos el que queremos, que dejarlo a manos de alguien más que a lo mucho hará un par de intentos que no nos dejarán satisfechos.

Seremos sinceros: nuestro fanatismo por las selfies no es algo que nos defina (aunque a muchos del equipo nos encantan). No nos terminan de convencer porque:

  1. Desde el punto de vista estético; por más que se mejoren las cámaras frontales, ¡no es un buen ángulo!
  2. Resulta todavía un poco extraño que en parques, cafés, etc., haya gente tomándose selfies… momentos íntimos en lugares públicos. (Si no fuera tan íntimo ¿por qué tantas selfies en los espejos de los baños? ¿Por qué no lo hacemos delante de nuestros amigos?) Lo irónico es que ese momento íntimo se postea en todos lados en donde esperamos ansiosos las notificaciones de likes…
  3. Por mucho tiempo, tomarse fotos en lugares turísticos era una actividad social; nos acercábamos a alguien, le pedíamos que nos tomara una foto, la persona desconocida accedía y después de un leve intercambio de sonrisas volvíamos a nuestra actividad habiendo admitido a nosotros mismos que necesitamos de los demás; que esa persona desconocida nos ayudó a guardar en la memoria un recuerdo valioso de un viaje, graduación, cumpleaños. Hoy en día pareciera que somos autosuficientes y que no es necesario interactuar con nadie. Basta estirar la mano y encontrar el ángulo después de unos 10 intentos y la iglesia, monumento o atardecer playero está atrás de nosotros, ocupando solo 1/4 del cuadro, mientras 3/4 gozan de nuestra hermosa carita en nuestro ángulo predilecto.

 

Pero volviendo al análisis transversal, este manejo hiper-cuidado de nuestra imagen en redes sociales nos recuerda a otro “ente” cuya constante preocupación es cómo lo ven los demás y se construye a partir del feedback del otro…sí, ¡las marcas!

Como marca, encontramos muchos aprendizajes en la energía y atención que las personas ponen a la construcción de su marca personal; cuidar el equity de cada post, ya sea con el copy de la foto, el filtro, el tipo de selfie. Es curioso pero algunas veces las fotografías de las personas comunes y corrientes parecieran más cuidadas que las de varias marcas. Aunque finalmente las dos tienen en cuenta a la audiencia a la que están dirigidas, las selfies personales son mucho más auténticas y manejan un nivel de intimidad que la frialdad de una marca tiene el reto de sobrepasar. A nosotros mismos también nos pasa un poco (@higspeedsolutions). Si bien, tratamos de ponernos en el lugar del otro, pareciera que como marcas muchas veces decidimos de manera unilateral cómo queremos que nos vean sin considerar si nuestra audiencia va a extraer lo mismo que nosotros estamos queriendo comunicar.

¿Cuál podría ser entonces el equivalente a la selfie de una marca? Tendría que ser consciente de cómo se ve a ella misma, qué quiere proyectar y cómo planea hacerlo, para finalmente transmitir un ángulo favorecedor que tome en cuenta al receptor. El reto está en no caer en la parte “selfish” de las selfies, no abusar de la idea de control y tomar en cuenta cómo nos ven los demás y que quieren ver. A veces la ayuda de otro que nos tome una foto nos permitirá ver un lado que tal vez ni nosotros consideremos que era atractivo para nosotros mismos y para los demás.

 

 

Escrito por: HSSHIGH SPEED

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